Un taller permanente, al resguardo del patrimonio santafesino

  • Un taller permanente, al resguardo del patrimonio santafesino
     

    La iniciativa de la Municipalidad surgió durante la pandemia. Con las puertas cerradas de los museos, se abrieron las puertas de manera permanente a un espacio para conservar y restaurar el patrimonio artístico y cultural de todas y todos los santafesinos. Se preserva gran parte de la historia patrimonial de las calles y plazas santafesinas. Desde la famosa escultura de El Canillita, dos biguás que estaban en la Plaza 25 de Mayo, hasta la estatua de Martín Fierro o el busto de Leandro N. Alem.

     

    El taller funciona en el ala este de los andenes de la Estación Belgrano. El equipo de trabajo de la Secretaría de Educación y Cultura de la Municipalidad está conformado por dos personas abocadas a la restauración de obras escultóricas emplazadas en el espacio público y dos personas formadas en conservación, documentación y restauración patrimonial. Hasta hace un año, no había un espacio físico para llevar adelante la conservación del patrimonio público y artístico. “En el 2020 encontramos la necesidad de generar un espacio que pueda albergar las obras que están en tránsito, que por refacciones o por dificultades que presentan, hay que retirarlas del espacio público para acondicionarlas”, señaló Priscila Sandoval, coordinadora ejecutiva de Museos y Aprendizajes del municipio.

     

    “El interés de este proyecto es que el espacio público tenga obras de arte en perfecto estado de conservación”, señaló Sandoval. En ese sentido, cuando las obras llegan al taller, el equipo de conservación de los museos realiza un diagnóstico y posteriormente se generan las intervenciones necesarias. “A veces son intervenciones muy costosas y en otros casos, menores. A veces sólo se trata de limpieza y mantenimiento para su correcta conservación; pero en otros casos, se deben intervenir e incluso restituir algunas partes o piezas faltantes”.

     

    El taller está abocado a velar por las obras que están en mal estado en el espacio público y a darles un tratamiento adecuado. “Esas tareas a veces se hacen en el mismo lugar donde están instaladas, como hicimos recientemente con la escultura que corona la Fuente de la Cordialidad, que fue puesta en valor, y, en otros casos, se trae la obra a este taller”, indicó.

     

    Museo a cielo abierto

     

    Con respecto al valor patrimonial con el que cuenta la capital provincial, Sandoval detalló: “Santa Fe tiene una tradición de muralistas y escultores muy importantes, y el espacio público santafesino es un Museo a cielo abierto, habitado por esculturas y obras de arte muy valiosas”. En ese sentido, la funcionaria destacó que “para nosotros el arte no está sólo en los Museos, sino que también está en la calle, en los barrios, en el espacio público. Y deseamos que esas obras de arte estén cuidadas y conservadas”.  

     

    Por tal motivo, “nos parece muy importante que este tipo de trabajo pueda cobrar importancia, que el equipo tenga por fin un espacio para trabajar de manera adecuada, y que en el corto y mediano plazo podamos pensar en propuestas formativas para que sea una instancia de aprendizaje para otras personas, otros estudiantes, otros artistas interesados en el universo de la conservación y de la restauración”, culminó Sandoval.

     

    Los Niños Cazadores

     

    Desde el año 2014, la Fuente de los Niños Cazadores fue desplazada de su lugar habitual en la Peatonal San Martín. “Esa obra está en guarda en el Museo Municipal de Artes Visuales Sor Josefa Díaz y Clucellas. Es una pieza de mucho valor patrimonial, que sufrió hechos de vandalismo que la han deteriorado mucho. Está a disposición de todos los santafesinos y santafesinas dentro del museo pero lamentablemente, requiere de una ardua tarea de restauración y creemos que es importante resguardar la pieza original”, indicó.

     

    “La restauración integral de esa obra es uno de los proyectos emblemáticos para el próximo año. Todo el equipo está trabajando para garantizar las mejores condiciones de conservación del original y las mejores estrategias para que vuelva al espacio público”.

     

    Daño patrimonial

     

    Otras de las obras que marcan el patrimonio santafesino son los Biguás de la fuente frente a la Catedral, en la Plaza 25 de Mayo. Paralelamente, es otra de las piezas emblemáticas que durante la pandemia fue vandalizada. “Hay algunas esculturas de la querida Fuente de los Biguás que desaparecieron. Por suerte, tenemos en guarda dos ejemplares de los biguás completos. Vamos a realizar réplicas de esas obras y las reemplazamos por las faltantes. También conservamos uno de los irupés, así que con esos elementos y el tratamiento adecuado podremos hacer las réplicas y volver a emplazarlas”, dijo.

     

    Con respecto al costo que significa para el Estado mantener el patrimonio que se vandaliza, la funcionaria indicó que “es difícil de estimar; nosotros hacemos tareas de conservación que están al alcance del presupuesto municipal, pero también hay otras que exceden ese presupuesto, como es el caso de la Fuente de los Niños Cazadores, o la de los biguás. Esos son trabajos de otra dimensión que necesitan financiamiento externo, por lo que estamos gestionando esos fondos para hacer una labor respetuosa y profesional”.

     

    Transmitir el respeto

     

    Comparten oficio y apellido, aunque no son familiares. Eduardo y Mauricio Gómez son los restauradores de la Dirección de Museos que se encargan de la puesta en valor del patrimonio de todos los santafesinos. “El nuestro es un trabajo transversal, parte del tiempo lo destinamos a las obras emplazadas, es decir, trabajamos en el lugar donde esté la obra, y en otros casos, se pueden extraer los bustos o algunas esculturas y trabajamos en el taller con mayor comodidad”, indica Eduardo.

     

    “Habitualmente estoy rodeado de próceres”, bromea, y añade que “a todas las obras las tratamos con el mismo respeto”.

     

    “Hay vandalismo, eso es inevitable. Estamos recuperando la escultura de Martín Fierro, la del Canillita, que le sacaron la cabeza. Tratamos de concientizar y de recuperar rápidamente lo dañado para desalentar que siga empeorando”, señala Eduardo.

     

    En consonancia, Mauricio, un aprendiz, que según indica, “trata de mejorar todos los días”, agrega: “Cuando uno toma conciencia del trabajo que lleva hacer estas esculturas es cuando más las respeta. Al verlas en la calle, me las quedo mirando porque sé que detrás de eso hay mucho trabajo, mucha historia. Por eso, lo último que uno quiere hacer es causarle daño. Con nuestro trabajo nos gustaría transmitirle a los vecinos ese respeto, para que el patrimonio pueda ser visto y cuidado, no solamente por nosotros, que conocemos a los artistas y al trabajo que realizaron, sino por toda la sociedad”.